Una Biblioteca para la Investigación en Estudios Árabes

Enredadera, nº 30, diciembre 2017

Miriam Font
miriamf@eea.csic.es
Concha de la Torre
concha@eea.csic.es
Biblioteca. Escuela de Estudios Árabes. EEA-CSIC
Granada

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Resumen: Con una trayectoria consolidada como servicio de apoyo a la investigación en una institución de gran prestigio, la Biblioteca de la Escuela de Estudios Árabes afronta su futuro con nuevas estrategias que le permitan ampliar su proyección académica y social.

Palabras clave: Biblioteca de la Escuela de Estudios Árabes, Investigación, Docencia, Compromiso social, Usuarios, Divulgación

 

 

La investigación científica y la docencia, son, preceptivamente, los dos pilares sobre los que se ha sustentado la actividad de la Escuela de Estudios Árabes de Granada durante sus 85 años de vida y los que han delimitado su estructura adaptándola a las necesidades y recursos de cada etapa. El Proyecto de Ley de 1931, que al año siguiente sería aprobado con las firmas de don Niceto Alcalá-Zamora y don Fernando de los Ríos, por el cual se creaban las Escuelas de Estudios Árabes de Madrid y Granada (1), justificaba estos dos objetivos -el científico y el docente- como una obligación histórica y cultural, en un escenario político, como era el Protectorado, que no podemos obviar:

Ninguna nación está más obligada que España a proteger y fomentar los estudios árabes. Ocho siglos, en alguno de los cuales fuimos cabeza y luz de Europa, vivió la civilización musulmana en nuestro suelo, moldeando fatalmente nuestra historia e impregnando para siempre nuestra vida de orientalismo, desde el lenguaje al arte y las instituciones. Obligación nuestra sería, sin más, estudiar este pasado; pero a mayor abundancia, nos fuerza a ello la conveniencia de utilizar en el porvenir los vínculos con que la Historia nos une a los pueblos orientales y el hecho mismo de que España ejerza actualmente su protectorado sobre un país musulmán. (2)

Un poco más adelante, el mismo texto describe con gran precisión cuál debía ser la labor principal de la Escuela, vigente hasta nuestro días: investigar, estudiar, traducir y hacer accesibles los textos referentes a nuestro pasado musulmán […] circunscribiéndola al estudio y la enseñanza de las lenguas árabe y hebrea, y de materias como la historia política y cultural de los musulmanes, el derecho y las instituciones islámicas, la dialectología, el arte y la arqueología islámica, materias, algunas de las cuales, con muchos matices, perduran en la actualidad.

Los textos fundacionales sorprenden, además, porque, con un enfoque tan pormenorizado y científico de la investigación como el descrito, mencionan expresamente la necesidad de dotar al centro de una biblioteca especializada que adquiere, así, la relevancia que este servicio debía tener en la planificación del nuevo centro: un lugar preferente en su estructura organizativa y científica que todavía hoy mantiene.

Puesto que en las primeras etapas de rodaje la labor de la Escuela tenía un carácter más formativo -la misma Ley priorizaba la función docente sobre la investigadora en el caso de Granada- imaginemos una biblioteca que para atender a esa función y, por su vinculación como servicio anejo a la Universidad de Granada, seguramente, tendría un perfil muy académico, enfocado a cubrir las necesidades de los profesores y alumnos de los cursos que se impartían. En la década de los setenta y ochenta, la actividad de la Escuela se inclinará más hacia la investigación propiamente dicha, que se verá fortalecida cuando se concedan los primeros proyectos de investigación (Inscripciones árabes de Granada, 1974; Estudios históricos y filológicos sobre Andalucía islámica, 1981-1984) y plazas de personal científico y de apoyo. Esta tendencia se enmarcaba en una estrategia a nivel nacional por impulsar la Ley de la Ciencia de 1986 mediante un sistema organizado de la investigación científica en el que las bibliotecas especializadas eran consideradas un instrumento primordial al servicio de la investigación. La Biblioteca de la Escuela de Estudios Árabes no podrá desligarse de este proceso ni de este objetivo esencial y comenzará un proceso de actualización de sus colecciones y modernización de su gestión e instalaciones, que será especialmente dinámico y fructífero en la década de los noventa.

Con el siglo XXI ya en marcha, la Biblioteca ha consolidado su larga trayectoria como servicio en una institución de gran prestigio como es la Escuela de Estudios Árabes, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. La riqueza y calidad de sus colecciones bibliográficas han hecho de ella un punto de consulta preferente en el área de los estudios árabes e islámicos medievales. Además, la oportunidad que brinda su pertenencia a la Red de Bibliotecas y Archivos del CSIC, integrada a su vez en el Sistema de Información Científica del CSIC, ha afianzado su papel como elemento esencial y activo del proceso de la investigación. A día de hoy, los retos proyectados para las bibliotecas especializadas de fin del milenio -que algunos especialistas, como Julia García Maza, tipifican como institucionales, cooperativos y tecnológicos- han sido superados en gran parte (3). Sin duda, a ello ha contribuido también la consolidación de una red que permite afrontar los distintos desafíos de una manera colaborativa y muy activa.

Sin embargo, la amenaza que sufren las bibliotecas en general y las de humanidades en particular, con un entorno cambiante y poco favorable a veces, nos obliga a replantear continuamente nuestro papel en la institución y a seguir desarrollando actividades y servicios que nos permitan actualizar el fin primordial de apoyo a la investigación, afianzar el de soporte para la docencia e incorporar más objetivos de interés social que favorezcan una mayor proyección e impacto en la comunidad (4). Esta amenaza, bien reconducida, nos ofrece un horizonte con nuevas oportunidades de actuación que no podemos desaprovechar.

En el contexto de la investigación, sigue siendo prioritaria la necesidad de atender las demandas específicas de información de los distintos grupos y proyectos con los instrumentos que resulten más eficaces para ello. La incorporación en 2017 de dos nuevas investigadoras a la Escuela de Estudios Árabes abre la puerta a nuevas líneas de investigación sobre materias tan distintas como la Arqueología de la Tardoantigüedad y Altomedievo de la Península Ibérica y de la Europa Occidental (siglos V-X) y la Dialectología marroquí (que, curiosamente, ya estaba presente en los primeros planes de estudios de la Escuela) y amplía nuestro campo de especialización a la hora de gestionar e incorporar fondos y recursos que respondan a las nuevas necesidades de información.

Asimismo, los proyectos de investigación dirigidos desde la Escuela, cuyo número ha aumentado hasta cinco en la actualidad, cuentan con la participación de profesores procedentes de universidades españolas y extranjeras, lo que ofrece un marco de colaboración muy interesante y una oportunidad excelente para dar a conocer la Biblioteca y sus servicios a un buen número de especialistas externos. En el mismo sentido, las posibilidades de la Biblioteca para aumentar su radio de acción como biblioteca de investigación se han visto favorecidas por la reciente creación de la Unidad Asociada de la UGR al CSIC “Patrimonio Cultural Árabe e Islámico”, un equipo multidisciplinar formado por una veintena de especialistas en Arqueología y Arquitectura medievales, Jardinería histórica, Filología Árabe y Conservación y Restauración del Patrimonio andalusí, al que podemos ofrecer unos recursos especialmente valiosos e interesantes relacionados con estas materias.

En el ámbito de la docencia, interesa destacar cómo la función formativa que los investigadores de la Escuela de Estudios Árabes han ido incorporando desde hace algunos años a sus tareas mediante contratos en prácticas, participación en másteres, cursos de doctorado y especialización, estancias, becas tuteladas, etc., está proporcionando a la Biblioteca nuevas oportunidades para colaborar en el proceso de aprendizaje del manejo de los recursos que los futuros especialistas van a necesitar. Se trata de un valor añadido que puede tener un impacto muy positivo y enriquecedor para la propia Escuela, ya que convierte a la Biblioteca en una segunda fuente de bibliografía, a veces incluso primera, con respecto a otras bibliotecas universitarias menos provistas de materiales relacionados con los estudios árabes, por el carácter minoritario que éstos tienen en la actualidad.

Otra actividad muy interesante que estamos desarrollando en los últimos años, en relación con el papel formador de la Biblioteca y su potencial como “laboratorio de prácticas”, es la de las visitas educativas concertadas con la Universidad de Granada, concretamente, con los departamentos de Estudios Árabes e Islámicos, de Historia medieval y Ciencias Historiográficas y de Historia del Arte. Estas visitas nos están ofreciendo una oportunidad excelente para enseñar a los estudiantes de las asignaturas de “Fuentes para el conocimiento de al-Andalus”, “Historia y Teoría de la Restauración y Conservación de los Bienes Culturales” y “Catalogación y técnicas de investigación en Historia del Arte”, el potencial de la Biblioteca como herramienta cotidiana para sus trabajos, fortaleciendo de este modo un papel complementario al de la Universidad. Por otra parte, las visitas que los alumnos de la asignatura “Metodología de estudio para la Literatura Árabe” vienen realizando anualmente van a permitirnos desarrollar esta labor formativa enseñándoles cómo funciona y cómo se gestiona una biblioteca especializada en estudios árabes e islámicos.

La asunción de estos nuevos roles para atender a nuevos tipos de usuarios va añadiendo a su perfil de biblioteca de investigación otros matices más propios de una biblioteca académica, en el sentido de que ya no atiende exclusivamente las necesidades de una comunidad cerrada de investigadores sino que actúa, además, como soporte de otro grupo muy bien delimitado -el de profesores y estudiantes universitarios- con vinculaciones cada vez más estrechas con el CSIC.

A este colectivo de investigadores, profesores y estudiantes se está incorporando otro grupo, mucho menos compacto, formado por particulares con intereses muy concretos e imprevisibles de información: personas sin adscripción a ninguna institución que convierten nuestra comunidad de usuarios en un conjunto muy heterogéneo y abierto. En este sentido, Marta Torres Santo Domingo (5) realiza una interesante reflexión sobre el papel que las bibliotecas universitarias podrían tener como agentes de integración de la comunidad al atender a ciudadanos o colectivos no enmarcados en el esquema tradicional de formación e investigación científica. Un papel que nuestra Biblioteca viene asumiendo como servicio público desde su creación y que nos proporciona ahora la oportunidad de asumir nuevos retos sociales que nos ayuden también, por ejemplo, a invertir una tendencia a la disminución de los usuarios presenciales que podría constituir una grave amenaza en el futuro. Este descenso, en el que sin duda juegan un papel importante aspectos como la cantidad ingente de información electrónica, el préstamo interbibliotecario y el hecho de que nuestros usuarios sean cada vez más autosuficientes en el acceso a la información, nos plantean retos de carácter tecnológico y formativo que afiancen nuestro papel mediador y organizador en este flujo. La mejora de servicios como la formación de los investigadores y la asistencia especializada podría evitar la progresiva infrautilización de los servicios de la Biblioteca y su reducción a un mero depósito de fuentes documentales.

En una esfera más amplia de compromiso social -al que, insistimos, nos debemos como institución pública- una buena ocasión para contribuir a un mejor conocimiento de nuestro Patrimonio y proporcionar información especializada sobre Granada y sus principales monumentos, podría venir de la mano de un nuevo tipo de usuario “accidental”, cada vez más frecuente, que acude atraído por intereses turísticos y que forma parte de ese grupo sin adscripción que la Biblioteca podría integrar siguiendo el enfoque de Torres Santo Domingo expuesto más arriba. Una posibilidad a la que, sin duda, está contribuyendo también el hecho de que nuestra sede, la Casa morisca del Chapiz, haya sido incluida recientemente en el itinerario cultural y turístico “Dobla de Oro” que atrae a numerosos visitantes. Una oportunidad, por otro lado, para dar a conocer la Escuela y sus actividades a un abanico más amplio de usuarios potenciales.

Continuando con esta función social y, en relación con el patrimonio bibliográfico y archivístico que custodiamos, seguimos promoviendo acciones relacionadas con su conservación, protección y transmisión, conscientes de nuestra responsabilidad como “memoria de la humanidad” (6). Las oportunidades en este campo se están presentando a partir de proyectos de digitalización institucionales que favorecen su difusión y acceso a través de portales digitales como Manuscript@ y Simurg. Precisamente, a finales de 2017 presentaremos un proyecto de digitalización de fondo antiguo que podría ser financiado por la Subdirección General de Coordinación Bibliotecaria del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

Otra colaboración interesante desde el punto de vista de la proyección social del Instituto, en este caso a nivel municipal, es nuestra participación –junto con investigadores de la Escuela- en un proyecto de cultura científica relacionado con la declaración de Granada como “Ciudad de la Ciencia”. Proyecto que ha promovido la “Mesa de la Ciencia”, órgano formado por instituciones científicas y entidades locales, cuya financiación, una vez aprobado, correría a cargo de la Fundación Española por la Ciencia y la Tecnología (FECYT).

Otras iniciativas para la divulgación de la Ciencia y para la promoción de los servicios y colecciones bibliotecarios, están incluidas desde hace varios años en los programas de actividades anuales con la preparación de marcapáginas monográficos, guías y exposiciones bibliográficas para el Día del Libro y de los Archivos. Igualmente, herramientas como Internet y las redes sociales, junto con colaboraciones puntuales en distintos medios de comunicación, se han revelado como estrategias muy eficaces (7).

Las exposiciones organizadas como complemento a los seminarios y congresos coordinados por investigadores de la Escuela permiten, asimismo, vincular la Biblioteca al proceso de la investigación de manera directa, favoreciendo una mayor interacción con el personal científico, que puede ver en ella un valor añadido como agente difusor de sus investigaciones. Eventos de este tipo permiten, además, que la Biblioteca actúe como foro cultural y científico (8) de cara a la sociedad, ampliando los fines de investigación y docentes que ha ido asumiendo desde su fundación con otros de índole social y cultural. Sin embargo, no deja de ser un inconveniente para la consecución de estos objetivos la existencia de toda una serie de tareas rutinarias, menos “visibles” para el usuario pero esenciales, que dificultan la frecuencia y cantidad con que podemos abordar más iniciativas de extensión bibliotecaria. Otra amenaza para promover este tipo de actividades de difusión podría ser el hecho de que el propio CSIC haya dejado de valorar para la Productividad por Cumplimiento de Objetivos (PCO) de cada centro e instituto la divulgación científica y la docencia, que serán evaluadas, a partir de este año, solamente de cara a los Quinquenios del personal científico (9)

Quizá, llegados a este punto, lo que habría que plantearse es si todas estas oportunidades están teniendo el alcance deseado y si se están aplicando medidores adecuados para poder evaluar su eficacia a nivel local. En nuestro caso, somos conscientes de que todavía no hemos desarrollado de manera sistemática una correcta autoevaluación y de que sería necesario crear instrumentos acordes a nuestra realidad para poder analizar de forma más singularizada qué papel desempeñamos en la mejora de los resultados científicos dentro de nuestra institución y fuera de ella (10).

Los indicadores a desarrollar deberían permitir analizar el impacto de las actividades de difusión que venimos realizando y que tanta relevancia están adquiriendo para el Instituto. La labor de la URICI para crear herramientas de evaluación de la Red de Bibliotecas y Archivos del CSIC está dando grandes frutos pero, quizá, no se ha avanzado tanto en aquellas que permiten un análisis del impacto social de sus bibliotecas.

No quisiéramos terminar este artículo sin hacer una breve reflexión sobre las perspectivas que tenemos como profesionales de una biblioteca que, como la nuestra, sirve a un área de investigación científica tan específica y minoritaria como la de los estudios árabes e islámicos medievales.

Deteniéndonos en nuestro colectivo prioritario de usuarios, el de los investigadores de la Escuela, sus necesidades de información no han cambiado sustancialmente, lo que ha cambiado es la manera de localizar y gestionar la información. Y, aunque son grandes conocedores de sus especialidades y parecen expertos en el manejo de los instrumentos bibliográficos y bibliotecarios (OPAC, bases de datos, etc.), sin embargo, nuestra experiencia diaria nos demuestra que, ante la ingente cantidad de información y debido a las dificultades que entrañan las nuevas tecnologías para algunos, siguen necesitando una asistencia directa de la Biblioteca, que no siempre reclaman, como sería conveniente para no desaprovechar las posibilidades de un asesoramiento técnico. La Biblioteca debería realizar un mayor esfuerzo por acercarse a ellos mediante una formación más regular y frecuente que permitiera disipar sus posibles temores ante los recursos electrónicos y resolver sus dudas de forma práctica, para un uso más eficiente de las herramientas puestas a su disposición (11).

Con respecto al resto de usuarios y, sin perder de vista el carácter prioritario de nuestros investigadores internos para recibir determinados servicios bibliotecarios, no debería ser descabellado replantear el alcance de algunas de las prestaciones que ahora están restringidas a ellos de manera que pudiéramos ofrecérselas también a otros grupos muy bien delimitados de usuarios externos (profesores y estudiantes universitarios). Nos referimos, por ejemplo, al préstamo personal y al acceso al documento. Ello contribuiría a un mejor aprovechamiento de los fondos y de los recursos por parte de usuarios ajenos a la institución. Adaptar el uso de determinados espacios como lugar de estudio o salas de trabajo podría ser también una buena estrategia para atraer más usuarios presenciales.

Lo que está claro es que, por la importancia que este servicio tiene para el Instituto, cualquier iniciativa relacionada con la Biblioteca debería ser abordada dentro de un proyecto común a toda la Escuela, implicando más a los investigadores. Nuestro compromiso debe ir encaminado a seguir potenciando nuestra capacidad de gestión y de organización de los servicios y tareas en función de las nuevas demandas de información y de los nuevos entornos y fortalecer nuestro papel como mediadores en los procesos de la investigación científica, asumiendo nuevas destrezas profesionales que nos hagan imprescindibles dentro del Instituto y fuera de él. (12)

 

 

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(1) La Ley se publicó en la Gaceta de Madrid del 4 de febrero de 1932. 

(2) Proyecto de Ley transcrito de: Álvarez de Morales, C. y Orihuela, A. La Casa del Chapiz, 2013, p. 103

(3) García Maza, J. Las bibliotecas, un instrumento al servicio de la investigación. En: Arbor, CLVII, 617-618 (mayo-junio 1997), p. 38

(4) Muy interesante es el concepto de “capital social” que Marta Torres Santo Domingo introduce al tratar la función de las bibliotecas universitarias como “servicios a la comunidad”. Torres Santo Domingo, Marta. La función social de las bibliotecas universitarias. En: Boletín de la Asociación Andaluza de Bibliotecarios, 80 (septiembre 2005), p. 50

(5 y 6) Marta Torres Santo Domingo op. cit.

(7) Font Ugalde, M.; Torre de Benito, C. La Biblioteca-Archivo de la Escuela de Estudios Árabes, un servicio con proyección cultural y educativa. En: “Imágenes de inicio 2016. Las bibliotecas y archivos del CSIC hablan.” 23/09/2016. http://goo.gl/RYmcK6

(8) Marta Torres Santo Domingo op. cit.

(9) CSIC. Vicepresidencia de Investigación Científica y Técnica. Manual de la productividad por cumplimiento de objetivos (PCO)19 de junio de 2017

(10) Atilio Bustos González realiza un estudio sobre la importancia que tiene la medición del impacto de las bibliotecas universitarias para sus instituciones. Bustos González Atilio: Bibliotecas universitarias: ¿sabemos medir sus resultados e impactos? En: El profesional de la información, 16, 4 (julio-agosto 2007)

(11) Un estudio muy pormenorizado de las características de los investigadores de Humanidades y Ciencias Sociales es el que proporciona Münster, Irene. Un estudio de las necesidades de información, hábitos y características de investigadores en Humanidades y Ciencias Sociales. En: Información, cultura y sociedad, 8 (enero-junio 2003). Disponible: http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1851-17402003000100004&lng=es&nrm=iso. Accedido en 10 nov. 2017

(12) Para un estudio global de las bibliotecas de investigación y su evaluación romendamos especialmente: Gimeno Perelló, Javier. Evaluación de la calidad en bibliotecas: compromiso con lo público, Buenos Aires, Alfagrama, 2008; y, Tarango, J. y Romo, J.R. Bibliotecas académicas e investigación, Buenos Aires, Alfagrama, 2015

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